martes, 28 de mayo de 2013

Richard Wagner: a los 200 años de su nacimiento!

Este 22 de mayo se celebraron en gran parte del mundo, los 200 años del nacimiento de Wilhelm Richard Wagner, gran poeta, músico, compositor y director alemán quien nació el 22 de mayo de 1813 en Leipzig y murió el 13 de febrero de 1883 en Venecia. Mucho se ha escrito sobre él y de hecho, desde que vivió hubo mucha discusión, no solo sobre su aporte a la música y lo que se considera ahora el “arte” de la música, sino que además fue muy criticado por sus comentarios y participaciones en temas de política, razas y las corrientes revolucionarias de la época.

Creció de joven queriendo ser poeta y escritor pero la música de Beethoven lo influenció de tal manera que ya a sus 20 años se había convertido en un importante director de orquestas. En 1842, Wagner se trasladó a Dresde, donde se convirtió en compositor de la corte real alemana, lo que lo impulsaría por gran parte de su vida. Siempre trabajando en varias obras al mismo tiempo, comenzó a desarrollar la visión de una nueva mezcla de las palabras, la música y la acción en una "obra de arte total". Su principal objetivo fue "la representación inmediata de la naturaleza humana”.[1]

Wagner es considerado por muchos como uno de los compositores más influyentes de la historia; un músico de la era romántica tardía, que siempre demostró en sus obras una excelente calidad. El estilo musical de Wagner, con su exploración sin precedentes de la expresión emocional, introdujo nuevas ideas en la armonía, el proceso melódico y la estructura operística. Llegó a explorar, como se ha indicado por varios historiadores, los límites tradicionales de las tonalidades y los acordes, marcando el camino de la atonalidad (o ausencia de una tonalidad o armonía definida[2]), que se desarrolló en el siglo XX. De hecho, algunos historiadores musicales señalan que el comienzo de la música clásica moderna data desde las primeras notas de Tristán, conocidas como el “Acorde de Tristán”.

Wagner inspiró a muchos seguidores y escritores, así como  a su vez, hubo muchos - en aquella época - en contra de su música. Es bien conocido que el gran compositor Gustav Mahler afirmó: “Sólo hubo Beethoven y Richard [Wagner], y después de ellos, nadie”. Adicionalmente Richard Wagner hizo una importante contribución a los principios y prácticas de la dirección orquestal, lo cual quedó finamente escrito en su ensayo Sobre la Dirección Orquestal (1869); además indicó que la dirección era un medio por el cual una obra musical puede ser reinterpretada, en lugar de ser un simple mecanismo para conseguir la armonía orquestal.

Para celebrar su natalicio se han organizado seminarios, conferencias, simposios, conciertos, óperas y hasta festivales. Desde Leipzig, Berlín, Londres, Melbourne, Nueva York, hasta pasando por Panamá y Buenos Aires, entre otros lugares, se llevarán a cabo grandes eventos para recordar su música, su ingenio y su arte. Este martes 22 de mayo tuve la oportunidad de asistir al concierto inaugural del Festival Wagner  (http://www.wagner200.co.uk/) en el Royal Festival Hall en Londres, donde la Philharmonia Orchestra, bajo la dirección de Sir Andrew Davis, tocó un espectacular concierto que incluyó la obertura de Dier Meistersingers, el Preludio de Tristán e Isolda y el tercer acto de La Valquiria, sin duda una noche de grandes éxitos, como lo reseña el periódico The Guardian en su edición del 23 de mayo:
De la misma manera pude escuchar a la Orquesta Sinfónica de Panamá, en un gran concierto en el Teatro Nacional de dicha ciudad - a principios de mayo - en el que se tocaron obras de Wagner y Verdi. Gran noche también sin lugar a dudas.
Entre las grandes obras de Wagner se encuentran algunas de las óperas más importantes e interpretadas a nivel mundial como lo son: El Anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen, en alemán), el cual es un ciclo de cuatro óperas épicas, basadas en elementos de la mitología germánica. Estas óperas son El oro del Rin (Das Rheingold), La valquiria (Die Walküre), Sigfrido (Siegfried) y El ocaso de los dioses (Götterdämmerung), cuya música y libreto fueron escritos por Richard Wagner en el curso de veintiséis años, de 1848 a 1874. Además, otra de las óperas más famosas lo es también Tristán e Isolda, compuesta entre 1857 y 1859. Wagner en su época no las llamó óperas, sino más bien se refería a ellas como dramas musicales.
A lo largo de todo este año se celebrarán conciertos y festivales dedicados a la música, obra y vida de Richard Wagner, quien no solo fue un gran compositor sino que influyó de una manera muy especial en la música clásica que luego se desarrolló desde principios del siglo XX. Disfruten de la maravilla de la música clásica y de las grandes obras de Wagner que se presentarán en un gran número de ciudades en todo el mundo.


domingo, 19 de mayo de 2013

The Daffodil Principle


The Daffodil Principle

Jaroldeen Asplund Edwards, autor.

Hay historias que nos pueden inspirar cuando más lo necesitamos. Les dejo una bella historia del Daffodil Principle. LV

The principle her daffodil garden taught is one of the greatest principle of celebration: learning to move toward our goals and desires one step at a time -- often just one baby-step at a time -- learning to love the doing, learning to use the accumulation of time.

When we multiply tiny pieces of time with small increments of daily effort, we too will find we can accomplish magnificent things. We can change the world.

The Daffodil Principle

Several times my daughter had telephoned to say, "Mother, you must come and see the daffodils before they are over."  I wanted to go, but it was a two-hour drive from Laguna to Lake Arrowhead. Going and coming took most of a day--and I honestly did not have a free day until the following week.

"I will come next Tuesday ", I promised, a little reluctantly, on her third call. 

Next Tuesday dawned cold and rainy. Still, I had promised, and so I drove the length of Route 91, continued on I-215, and finally turned onto Route 18 and began to drive up the mountain highway. The tops of the mountains were sheathed in clouds, and I had gone only a few miles when the road was completely covered with a wet, gray blanket of fog. I slowed to a crawl, my heart pounding. The road becomes narrow and winding toward the top of the mountain. 

As I executed the hazardous turns at a snail's pace, I was praying to reach the turnoff at Blue Jay that would signify I had arrived. When I finally walked into Carolyn's house and hugged and greeted my grandchildren I said, "Forget the daffodils, Carolyn! The road is invisible in the clouds and fog, and there is nothing in the world except you and these darling children that I want to see bad enough to drive another inch!"

My daughter smiled calmly," We drive in this all the time, Mother."

"Well, you won't get me back on the road until it clears--and then I'm heading for home!" I assured her.

"I was hoping you'd take me over to the garage to pick up my car. The mechanic just called, and they've finished repairing the engine," she answered.

"How far will we have to drive?" I asked cautiously.

"Just a few blocks," Carolyn said cheerfully.

So we buckled up the children and went out to my car. "I'll drive," Carolyn offered. "I'm used to this." We got into the car, and she began driving.

In a few minutes I was aware that we were back on the Rim-of-the-World Road heading over the top of the mountain. "Where are we going?" I exclaimed, distressed to be back on the mountain road in the fog. "This isn't the way to the garage!"

"We're going to my garage the long way," Carolyn smiled, "by way of the daffodils."

"Carolyn," I said sternly, trying to sound as if I was still the mother and in charge of the situation, "please turn around. There is nothing in the world that I want to see enough to drive on this road in this weather."

"It's all right, Mother," She replied with a knowing grin. "I know what I'm doing. I promise, you will never forgive yourself if you miss this experience."

And so my sweet, darling daughter who had never given me a minute of difficulty in her whole life was suddenly in charge -- and she was kidnapping me! I couldn't believe it. Like it or not, I was on the way to see some ridiculous daffodils -- driving through the thick, gray silence of the mist-wrapped mountaintop at what I thought was risk to life and limb.

I muttered all the way. After about twenty minutes we turned onto a small gravel road that branched down into an oak-filled hollow on the side of the mountain. The Fog had lifted a little, but the sky was lowering, gray and heavy with clouds. 

We parked in a small parking lot adjoining a little stone church. From our vantage point at the top of the mountain we could see beyond us, in the mist, the crests of the San Bernardino range like the dark, humped backs of a herd of elephants. Far below us the fog-shrouded valleys, hills, and flatlands stretched away to the desert.

On the far side of the church I saw a pine-needle-covered path, with towering evergreens and manzanita bushes and an inconspicuous, lettered sign "Daffodil Garden."

We each took a child's hand, and I followed Carolyn down the path as it wound through the trees. The mountain sloped away from the side of the path in irregular dips, folds, and valleys, like a deeply creased skirt.

Live oaks, mountain laurel, shrubs, and bushes clustered in the folds, and in the gray, drizzling air, the green foliage looked dark and monochromatic. I shivered. Then we turned a corner of the path, and I looked up and gasped. Before me lay the most glorious sight, unexpectedly and completely splendid. It looked as though someone had taken a great vat of gold and poured it down over the mountain peak and slopes where it had run into every crevice and over every rise. Even in the mist-filled air, the mountainside was radiant, clothed in massive drifts and waterfalls of daffodils. The flowers were planted in majestic, swirling patterns, great ribbons and swaths of deep orange, white, lemon yellow, salmon pink, saffron, and butter yellow.

Each different-colored variety (I learned later that there were more than thirty-five varieties of daffodils in the vast display) was planted as a group so that it swirled and flowed like its own river with its own unique hue.

In the center of this incredible and dazzling display of gold, a great cascade of purple grape hyacinth flowed down like a waterfall of blossoms framed in its own rock-lined basin, weaving through the brilliant daffodils.  A charming path wound throughout the garden. There were several resting stations, paved with stone and furnished with Victorian wooden benches and great tubs of coral and carmine tulips. As though this were not magnificence enough, Mother Nature had to add her own grace note -- above the daffodils, a bevy of western bluebirds flitted and darted, flashing their brilliance. These charming little birds are the color of sapphires with breasts of magenta red. As they dance in the air, their colors are truly like jewels above the blowing, glowing daffodils. The effect was spectacular.

It did not matter that the sun was not shining. The brilliance of the daffodils was like the glow of the brightest sunlit day. Words, wonderful as they are, simply cannot describe the incredible beauty of that flower-bedecked mountain-top. 

Five acres of flowers! (This too I discovered later when some of my questions were answered.) "But who has done this?" I asked Carolyn. I was overflowing with gratitude that she brought me -- even against my will. This was a once-in-a-lifetime experience.

"Who?" I asked again, almost speechless with wonder, "And how, and why, and when?" 

"It's just one woman," Carolyn answered. "She lives on the property. That's her home." Carolyn pointed to a well-kept A-frame house that looked small and modest in the midst of all that glory.

We walked up to the house, my mind buzzing with questions.  On the patio we saw a poster. " Answers to the Questions I Know You Are Asking" was the headline. The first answer was a simple one. "50,000 bulbs," it read. The second answer was, "One at a time, by one woman, two hands, two feet, and very little brain." The third answer was, "Began in 1958."

There it was. The Daffodil Principle.

For me that moment was a life-changing experience. I thought of this woman whom I had never met, who, more than thirty-five years before, had begun -- one bulb at a time -- to bring her vision of beauty and joy to an obscure mountain-top. One bulb at a time.

There was no other way to do it. One bulb at a time. No  shortcuts -- simply loving the slow process of planting. Loving the work as it unfolded.

Loving an achievement that grew so slowly and that bloomed for only three weeks of each year. Still, just planting one bulb at a time, year after year, had changed the world.

This unknown woman had forever changed the world in which she lived. She had created something of ineffable magnificence, beauty, and inspiration.

The principle her daffodil garden taught is one of the greatest principle of celebration: learning to move toward our goals and desires one step at a time -- often just one baby-step at a time -- learning to love the doing, learning to use the accumulation of time.

When we multiply tiny pieces of time with small increments of daily effort, we too will find we can accomplish magnificent things. We can change the world.

"Carolyn," I said that morning on the top of the mountain as we left the haven of daffodils, our minds and hearts still bathed and bemused by the splendors we had seen, "it's as though that remarkable woman has needle-pointed the earth! Decorated it. Just think of it, she planted every single bulb for more than thirty years. One bulb at a time! And that's the only way this garden could be created. Every individual bulb had to be planted. There was no way of short-circuiting that process. Five acres of blooms. That magnificent cascade of hyacinth!

All, all, just one bulb at a time."

The thought of it filled my mind. I was suddenly overwhelmed with the implications of what I had seen. "It makes me sad in a way," I admitted to Carolyn. "What might I have accomplished if I had thought of a wonderful goal thirty-five years ago and had worked away at it 'one bulb at a time' through all those years. 

Just think what I might have been able to achieve!"

My wise daughter put the car into gear and summed up the message of the day in her direct way. "Start tomorrow," she said with the same knowing smile she had worn for most of the morning. Oh, profound wisdom!

It is pointless to think of the lost hours of yesterdays. The way to make learning a lesson a celebration instead of a cause for regret is to only ask, "How can I put this to use tomorrow?"

Jaroldeen Asplund Edwards
Author 

martes, 7 de mayo de 2013

EARTH DAY – Día Mundial de la Tierra 2013

Los que han seguido mis escritos desde hace algunos años recordarán que he tratado de escribir por estas fechas algo sobre el Día Mundial de la Tierra, el cual se celebra el 22 de abril de cada año. Lo comentado en dichos artículos ha cambiado cada año, comentando desde lo que hacen las empresas, lo que podemos hacer las personas, o hasta lo que escribí el año pasado sobre lo que hacían diversas organizaciones, como la NASA, para desarrollar programas y experimentos que desde el espacio nos ayuden a conocer y entender más a nuestro planeta. Esta vez he decidido escribirles acerca de lo que todos en conjunto podemos hacer.

Hace un par de años mis hijos y yo participamos en un evento en el cual se lograron sembrar en un solo día más de 500 nuevos árboles en la cabecera de un río y de ello nos quedó un gran aprendizaje: es responsabilidad de todos cuidar de nuestra tierra y nuestro medio ambiente. No es que no haya organizaciones encargadas de hacernos conocer las noticias o iniciativas sobre lo que le pasa a nuestro planeta, o tratar los temas de los cambios climáticos que están ocurriendo. Por supuesto que todo ello debe continuar; lo importante aquí es darnos cuenta que todos somos responsables de que pase, de que las mejoras ocurran y de que los gobiernos y las empresas responsables den los pasos y tomen las acciones necesarias para corregir los desequilibrios que se puedan corregir con tal de aminorar los efectos que puedan estar ocurriendo. Por supuesto, una persona o una familia sola, o un pueblo pequeño, no podemos hacer nada nosotros solos para presionar sobre la necesidad de los cambios. Pero si podemos anunciar nuestras iniciativas o denunciar los efectos negativos que se observan a diario y que más bien perjudican el trabajo de tantos años que organizaciones, empresas y gobiernos han venido haciendo en este tema.

De allí que se den a conocer las iniciativas que algunas organizaciones tienen y que han desarrollado para que todos logremos vivir en un mundo mejor. Un caso en particular es el que lleva a cabo la Organización Earth Day Network  (www.earthday.org), la cual lleva a cabo una serie de proyectos entre los cuales podemos mencionar, el reciclaje de dispositivos electrónicos - Recycle Your E-Waste, el generar ideas conservacionistas al hacer que todos podamos ser reporteros del clima - Become a Climate Reporter, o tratando de crear conciencia sobre la deforestación en los bosques y selvas - Restore the Canopy, con la finalidad de recolectar fondos para sembrar diez millones de árboles en los próximos cinco años. Su proyecto más ambicioso este año es el lograr que la gente se convierta en reporteros del clima, mediante la publicación en su página Web (http://www.earthday.org/faceofclimate/) de cientos de miles de fotos de todo el mundo donde se dan ejemplos de cómo ha afectado el cambio climático a las personas en todo el planeta. Como dice la página Web del Earth Day Network: “Together, we’ll highlight the solutions and showcase the collective power of individuals taking action across the world. In doing so, we hope to inspire our leaders to act and inspire ourselves to redouble our efforts in the fight against climate change”.

Otro ejemplo de lo que se está haciendo fue el esfuerzo que se llevó a cabo el año pasado cuando dos jóvenes sin mucha experiencia cinematográfica presentaron en más de 160 países su película  “One Day on Earth”, una película para la Tierra creada en todo el Mundo. Este proyecto lo hicieron Kyle Ruddick and Brandon Litman, graduados de la Universidad de California del Sur, quienes recaudaron películas e imágenes tomadas por novatos y amateurs de todo el mundo filmados el 10 de octubre de 2010. También tenemos el proyecto que se llevó a cabo un colegio para recabar fondos para una campaña de iniciativas ambientales. El Video del St. Georges School lo pueden ver en la siguiente dirección: http://www.youtube.com/watch?v=87sqsY8UCJs

Muchas otras iniciativas se llevan a cabo en una gran cantidad de ciudades, pueblos y comunidades que tratan de crear consciencia en la población, sobre todo en los jóvenes quienes tienen toda su vida por delante.  Y es que todos debemos ayudar en la medida de nuestras posibilidades. Recuerden que según una encuesta de CNN, solo el 3% de los encuestados sabe que hay un día especial en nuestro calendario dedicado al cuido y mantenimiento especial de nuestro medio ambiente y nuestro planeta tierra. Me imagino que un porcentaje mucho menor a ese 3% realmente sabe que si entre todos, decidida y dedicadamente hacemos algo sobre alguna de las tantas cosas que afectan a nuestro planeta, su vida útil se podría ir extendiendo poco a poco, como termina diciendo el video que les indiqué arriba.

Ya todos de una manera u otra estamos sintiendo los efectos de un calentamiento global, los cambios climáticos, los fuertes impactos de unos fenómenos como El Niño o La Niña, que entre otros generan desde las torrenciales lluvias en ciertos lugares de Sur América, hasta las grandes sequías en el Africa y otros lugares, mientras observamos las enormes inundaciones y desbordamientos de ríos, quebradas y lagos en otros lados del Mundo, que destruyen y acaban con poblados enteros. Hay muchos artículos, revistas, libros y folletos dedicados a la conservación; ya muchas empresas prohíben imprimir los correos electrónicos de esos que tanto nos llegan a diario o comienzan a usar cada vez más papeles reciclables que ayuden a detener la deforestación y la tala indiscriminada. Son muchas las acciones y actividades que se pueden y deben realizar y llevar a cabo, pero lamentablemente pareciera que no existe la visión de futuro que en conjunto nos lleva a los habitantes y a los gobiernos de los países a tomar este tema con mayor seriedad.

Una de esas listas nos señala 10 maneras de aprender sobre el medio ambiente. Llamada, 10 ways to go Green[1], nos indica que debemos (1) recordar el pasado y los cambios ocurridos desde entonces; (2) hacer algo con respecto al cuidado del ambiente; (3)  conocer la naturaleza; (4) aprender a conservar nuestro ecosistema; (5) ayudar a crear hábitats especiales; (6) entender el significado e implicaciones del calentamiento global; (7) conocer las políticas acerca del cambio climático; (8) usar la energía de manera eficiente; (9) hablar y debatir sobre el tema; y (10) analizar el mensaje de la cultura popular sobre al medio ambiente y darla a conocer.

Hay que concientizar a la gente, amigos, así como a conocidos o personas que no conozcamos sobre la importancia de cuidar a nuestra gran casa, nuestro planeta. Y como dije al inicio de este artículo, esa concientización comienza por nosotros mismos asumiendo nuestra propia responsabilidad.





[1] Earth Day and All Days: 10 Ways to Learn About the Environment. By JENNIFER CUTRARO and HOLLY EPSTEIN OJALVO