domingo, 24 de julio de 2011

Adaptandonos a las Nuevas Tecnologias.

Algunos de nosotros crecimos en los años 70 o en los 80. Con esto quiero decir que no teníamos a nuestra disposición muchas de las herramientas técnicas ni los avances que la tecnología ha logrado en los últimos 30 o 40 años. Quienes ya tenemos cierta edad, nunca usamos calculadoras en el colegio (ya que no existían) y muy probablemente conocimos la computadora personal en nuestra época de Post-grado o ya en nuestros primeros años trabajos. Suena como algo de cuentos o algo muy lejano y por ello quisiera hacer un rápido ejercicio. Le quiero pedir a los lectores más jóvenes que por tan solo un momento olviden o dejen un lado sus iPods o aparatos de MP3, sus celulares, teléfonos inalámbricos, Blackberrys o iPhones, sus iPads o sus Laptos, sus consolas de Wii o PSP o sus DS, o aquellos que los tengan, imagínense que no pueden ver o tener acceso a las películas que han bajado vía NetFlix o AppleTV; hagan este ejercicio tan solo por un minuto. Ahora imagínense un mundo de la siguiente manera: con una sola TV en la casa, en blanco y negro, sin cable, con tan solo con cuatro canales y sin control remoto; con dos teléfonos en casa cada uno del tamaño de una lonchera pequeña para el cual debíamos esperar línea telefónica por algunos minutos; imagínense un mundo en el que oír música se hacía con lo que se llamaban discos de acetato - más grandes que un freesbee para aquellos que no los han visto -  con seis o siete canciones de cada lado que poníamos en un tocadiscos bastante grande y nada portátil; o el hecho de que nuestras madres no tenían ni lavadora ni secadora cuando nacimos, ni mucho menos microondas o lavaplatos automático (o pañales desechables para ir más allá) y sin mencionar que el primer video juego lo vi yo creo que o a finales de los 70 o en 1980 cuando pude ver el primer juego de Atari (realmente básico y sencillo para los estándares de hoy).
 
Ahora volvamos a la realidad. Son tantos los cambios de las últimas décadas y en especial los cambios tan increíbles de los últimos diez años, que es casi que imposible enumerarlos sino en un libro dedicado a ello y que probablemente sería bastante largo además de interesante (invito a alguno de ustedes a hacerlo). Es algo realmente fascinante pues los avances tecnológicos nos van rodeando, nos vienen modificando los estilos de vida (ya he comentado en artículos anteriores cómo de niños corríamos detrás de una pelota en la calle y hoy en día los niños están sentados jugando con algún tipo de consola diseñada para ello detrás de una TV) y todos ellos nos van cambiando lo que hacemos hoy y lo que haremos en el futuro. Pensar hace 30 años en usar una computadora para hacer todo lo que hacemos hoy en día era inimaginable, al igual que pensar en conectarse por teléfono con la velocidad y calidad con que lo hacemos con alguien del otro lado del mundo, tener la posibilidad de accesar (en algunos países) varios cientos de canales de TV y poder descargar vía Internet miles de películas para disfrutarlas en casa, son apenas algunos de los cambios que han llegado y además, poder presenciar en vivo, lo que está sucediendo en estos años con los cambios producidos por la llegada de las redes sociales o la introducción del iPad al mercado, son momentos realmente especiales y que apenas están comenzando.
 
Todo esto tiene más relevancia - y es por lo menos para mí más impactante aún - cuando mi hijo pequeño, el de 10 años, llega una noche y me pregunta si yo tengo cuenta en Twitter. Al decirle que si pero que no escribo mucho en ella, me dice que debo hacerlo, me dice las razones del porqué debo hacerlo (casi todas interesantes), pero lo más importante de todo es que me instruye a que yo debo firmar todos mis artículos y todo lo que escribo en mi Blog con mi dirección de Twitter para que la gente me “busque y me conozca” pues así estaría más o menos como a la moda y todos sabrían quién soy (y yo que me consideraba todavía algo joven!).  Pues pondré, por iniciativa de mi hijo menor, esta dirección de ahora en adelante en todos mis artículos: @lvgarciag.
 
Pero analicemos el caso. ¿Qué podría entender un niño de 10 años o menos lo que es la Internet o las redes sociales o en este caso más específico el Twitter?; ¿Qué interés pueden tener los niños de esas edades en las redes sociales?; o más aún, ¿cómo van a impactar estos temas en el comportamiento, la dedicación al estudio, la concentración, y el verdadero comportamiento social de los niños y jóvenes del siglo XXI cuando ellos lleguen al bachillerato, a la universidad o a su vida profesional? Estos son temas que son parte de estos cambios que vivimos a diario pero que deben ser analizados en profundidad por los expertos en sus respectivas áreas, ya que se comienzan a ver cambios, se comienzan a ver modificaciones en el comportamiento que pueden tener implicaciones significativas para el futuro. Quienes crecimos con los cambios generados por la tecnología en las décadas de los 50 hasta los 80 lo hicimos de una manera evolutiva y en realidad, a una menor velocidad si nos comparamos a los que les ha tocado iniciar sus vidas desde los 90 en adelante. Por ello debemos entender a ellos los están cambiando o afectando los rápidos avances tecnológicos, cómo ellos se comunican, tenemos que hacer el esfuerzo de entenderlos y, además, crecer con ellos conociendo también todas estas nuevas tecnologías a medida que se desarrollan para tratar de entender cómo y para qué se usan.
 
Pues de ahora en adelante tengo que firmar mis artículos y mis escritos con mi número de celular, mis tres direcciones de correo electrónico, mi cuenta en Twitter, mi dirección de FaceTime, mis iniciales y con todas los avances de la tecnología a los cuales me vaya adaptando o incorporando (creo que uno no puede con la velocidad en que los mismos se están creando y desarrollando). La rapidez en la creación de las redes sociales con las ya conocidas empresas como Facebook, LinkedIn, YouTube, o la creatividad e innovación que ha tenido la empresa Apple en lanzar la cantidad de nuevos productos y versiones que han revolucionado el mercado de las comunicaciones y que ahora van a cambiar, según ellos han dicho, el mercado de las computadoras, es algo realmente impresionante. Hoy en día casi todos nosotros usamos o conocemos a alguien que use un i-Pod, un Blackberry o similar o hemos visto o usado una Tabelt PC, hemos hecho descargas por la computadora bien sea de música o de películas, hemos visto videos en la Internet, chateamos con alguien en otra parte o via Skype conversamos con amigos o familiares en otras partes del planeta. La tecnología avanza, nosotros debemos hacerlo también y disfrutándolo en el camino!! Sigamos aprendiendo.
@lvgarciag
Seguiremos Motivando!

martes, 12 de julio de 2011

Aprendiendo de los Errores

A lo largo de nuestras vidas uno va aprendiendo de diferentes maneras y de diferentes personas. Primero aprendemos de los padres quienes nos enseñan nuestras primeras palabras, los primeros movimientos, nos enseñan a caminar y luego lo hacen el resto de nuestras vidas; más adelante aprendemos de los profesores en el colegio y en la universidad; de allí pasamos a nuestra vida profesional en la que aprendemos de nuestros compañeros, de nuestros jefes y luego algunos comenzamos un camino de aprendizaje continuo del que les he comentado en ocasiones anteriores. En pocas palabras, vamos aprendiendo de lo que estudiamos, lo que leemos, de nuestras experiencias, de las vivencias, de las observaciones, pero aunque suene un poco extraño, también aprendemos de nuestros errores.

A veces cometemos errores sencillos de los que ni siquiera nos damos cuenta; en ocasiones son errores que nuestros padres, compañeros o supervisores notan y nos pueden hasta reclamar por ellos. Sin embargo, hay casos en los cuales generamos rechazos, reacciones negativas o cometemos errores importantes, que llegamos a afectar tanto a nuestro entorno familiar y personal como a nuestro entorno laboral. Es decir, generamos reacciones en contra de nosotros mismos y eso es algo que debemos controlar y algo de lo que debemos aprender para no repetirlo o no volverlo a hacer. Sin embargo les puedo comentar que los errores ocurren pues somos humanos, son resultado de la vida misma, de nuestra actividad diaria. Pueden venir de nuestros pensamientos o de nuestras acciones; aquí lo importante es aprender de ellos y no solo lograr recuperarnos sino poder sacarle buen provecho a lo ocurrido, buscarle siempre el lado positivo.

Hagamos un breve paréntesis y usemos el ejemplo de una bicicleta. La mayoría de nosotros aprendimos a montar bicicleta cuando pequeños ayudados de nuestros padres o familiares. Algunos le tuvieron miedo, pero al final con el apoyo y empuje de los demás aprendimos y lo hicimos, primero con las rueditas traseras y luego sin ellas, cuando nos aprendimos a balancear, cuando aprendimos a manejar ese balance. Si es verdad que nos fuimos de lado a lado, nos caímos y nos levantamos y no lo vimos como errores, sino como parte del aprendizaje y de allí en adelante fuimos por todos lados a toda velocidad. ¿Qué es lo importante de todo esto? Que para manejar bien la bicicleta debemos mantener bien el balance, ya que de lo contrario nos iremos de un lado al otro y sabemos lo que nos puede pasar (que ya nos ha pasado). Esto es igual en la vida: debemos mantener un balance, ya que de no hacerlo podremos tambalearnos, llegar a caernos o en otras palabras, cometer errores. 

Albert Einsten dijo a principios del siglo XX que “la vida es como una bicicleta ya que la única manera de mantener el balance es mantenernos en movimiento”.

En la vida uno puede cometer errores y encontrar reacciones en contra, o por el contrario, lograr alcanzar el éxito y el reconocimiento por lo que hacemos. Pero esto no lo sabremos por anticipado. Lo que sí sabemos es que si nos quedamos parados, sin movimiento o estáticos, nada pasará, nada sucederá y nunca nos daremos cuenta de lo que pudiésemos haber encontrado en el camino. De nuevo es como la bicicleta; ella nos puede llevar por una calle nueva y conducirnos a nuevos caminos desconocidos al doblar una esquina que no conocíamos, a lugares totalmente nuevos e inesperados. En pocas palabras, podemos llegar a lugares en los que nunca hemos estado, a los que nunca hemos ido y que desconocemos; podemos llegar a lugares en los que hay posibilidades tanto de lograr el éxito como de cometer errores. Y de cometer errores estaríamos entrando en complejas situaciones personales o profesionales que debemos solventar de la mejor manera y con éxito y eficiencia, ya que estas nuevas experiencias y situaciones serán nuevas para nosotros y debemos definitivamente aprender de ellas. Una vez oí el comentario que decía que quien no comete errores es porque nunca ha tratado de hacer nada nuevo. Qué cierta es esta frase. He aquí varios ejemplos:

·         Tomás Alba Edison trató más de mil veces de crear un bombillo hasta que logró unir los filamentos correctos y siempre dijo que no había fallado mil veces sino que había aprendido mil formas exitosas de saber cómo no funcionaría un bombillo;
·         El Coronel Sanders por su parte trató 1.009 veces de vender su ya famosa receta de pollo en lo que luego se convirtió en la mundialmente conocida cadena Kentucky Fried Chicken;
·         la pega que tienen los Post-it Notes de 3M fue el resultado equivocado de un experimento para encontrar un pegamento resistente realizado por el Dr. Spencer Silver en el laboratorio de 3M; el Dr. Silver nunca supo qué hacer con su descubrimiento. Seis años más tarde un colaborador, Art Fry, recordó la existencia de este pegamento suave y reusable y de allí, de un error de cálculo en el experimento inicial, surgió un negocio multimillonario para 3M.

Aprendemos todos los días, de las cosas buenas y de los errores, de las experiencias que vivimos y de lo que vamos conociendo. Lo importante siempre es recuperarnos de los errores. Parafraseando a Albert Einstein, alguien que no ha cometido ningún error en su vida es porque nunca ha tratado de hacer nada nuevo o nada diferente. Hagamos nuevas cosas, mejoremos continuamente. Es verdad que tendremos el riesgo de cometer errores, pero debemos saber reconocerlos, entenderlos, aceptarlos (sobre todo ante los terceros) y definitivamente aprender de ellos. Si no cometemos errores es porque no tomamos iniciativas; vivamos y tomemos aquellos riesgos que sean posibles de manejar. No permitamos que nuestras ideas e iniciativas mueran dentro de nosotros sin tratar de hacerlas o de implementarlas y si cometemos errores, solo corrijámoslos, así sean más de 1.000 veces hasta que nuestras ideas y acciones salgan bien. Solo así lograremos el éxito que nos merecemos.

Seguiremos Motivando. LV