viernes, 11 de agosto de 2017

Lecciones de Godzzila original.

Photograph: Junji Kurokawa/AP
Hay personajes o hechos en la historia que nunca se nos olvidan. Hay eventos que siempre estarán con nosotros en el recuerdo. Y hay ciertos elementos que por alguna razón mantenemos en nuestra mente. ¿Quién no se acuerda de las comiquitas o los libros que leíamos cuando niños?; o,  ¿la música que escuchábamos cuando jóvenes? Uno de esos elementos, por llamarlos de alguna manera, fueron la cantidad de películas de los años 50 o 60 que veíamos años más tarde, todavía en blanco y negro, de los monstros famosos que llenaban las salas de cine. Para mí, por alguna razón que desconozco, fueron las películas de Godzilla.

En mi carrera de coach empresarial busco artículos y lecturas que me den a conocer algunos aspectos que hicieron que personas, empresas y productos surgieran por encima de los demás. Y ese fue el caso del actor japonés Haruo Nakajima quien luego de tan solo haber sido un sustituto con un papel corto, se puso encima el famoso disfraz de Godzilla en la primera filmación de la película que lleva su nombre en 1954. Él nunca se hubiera imaginado que llegaría a ser el famoso personaje - anónimo - en un total de 12 películas entre 1954 y 1972 que se convirtieron en un fenómeno internacional. Famoso por todo el mundo, Nakajima falleció esta semana a sus 88 años de edad.

Hace algunos años leí una serie de artículos sobre él, su papel, lo duro de ese esfuerzo y los innumerables retos que enfrentó. En una entrevista para el USA Today en 2014, Nakajima comentaba: “Fue verdaderamente duro, casi imposible. El disfraz pesaba 200 libras, podía trabajar hasta 10 u 11 horas y dentro del disfraz la temperatura podía llegar hasta los 122 grados F. Pero yo nunca me quejé; los actores no lloran. Solo hacemos nuestro trabajo hasta que lo terminamos”.

Lo que hoy son películas generadas con diseños en computadora, hace 60 años requerían de largas horas de arduo trabajo dentro de un traje especialmente creado para recrear los efectos de un gran monstruo. Aprendió improvisando, estudiando a elefantes y gorilas en zoológicos o viendo las películas de King Kong y haciendo complejos movimientos, que al final, dieron el resultado esperado. El autor Steve Ryfle en su libro Godzilla dijo que no importaba que fuera real; “la idea era hacer algo que fuera espectacular”.


Así es la vida, una serie de pasos y movimientos, llenos de esfuerzos, de dedicación, de aprendizajes, de hacer que las cosas sucedan y de hacerlas bien, sin importar que tan fuertes o pesadas o largas puedan ser. ¿Cuántos de nosotros estamos preparados y dispuestos para dar todo lo que sean necesario y seguir adelante a pesar de las circunstancias? Creo que son importantes enseñanzas que nos deja el señor Nakajima y que debemos todos implementar en nuestros esfuerzos diarios. Lo importante, decía Nakajima, era que “esto no lo aprendes en un libro de texto; debes aprender haciéndolo”.

Luis Vicente García.