domingo, 17 de junio de 2018

Un Maravilloso Viaje sinfónico por neustra Venezuela


Ayer 16 de junio fuimos testigos de un maravilloso viaje sinfónico por nuestra amada Venezuela; un viaje para el cual, quizás, muchos no nos habíamos preparado para la maravillosa experiencia musical que vivimos. Notas, imágenes, videos y fotos se unían con una alegre y melodiosa armonía y daban paso -entre poemas y relatos - a una bella música que combinaba lo clásico con los intensos tonos y sonidos venezolanos. Así, la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho nos ofrecía un maravilloso concierto bajo un título muy singular, el de Venezuela, una aventura sinfónica. Fuimos entonces invitados a acompañar a la orquesta por una aventura musical cautivadora a lo largo de nuestro país y dio como resultado un hermoso, elegante y melódico concierto, de esos que te hacen comenzar a soñar mientras escuchas tan solo sus primeras notas.

La batuta de la directora Elisa Vegas nos llevó desde el llano a las costas orientales, desde lo profundo de Canaima hasta el Lago de Maracaibo. En cada pieza hubo magia, con cada tono una bella foto y con cada relato una fabulosa melodía que entre tambores y violines brillaban en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Diferentes tonalidades se unían a los ritmos de nuestra geografía, a las tamboras, cuatro y maracas guiadas por la flauta de Luis Julio Toro y nos presentaban paisajes y recuerdos finamente narrados por Andrea Matthies y que ilustraban el calor, la relevancia y la música del paisaje venezolano. Y como el arte lo engloba todo, mientras los instrumentos hacían su recorrido, el maestro Onofre Frías dibujaba con sus pinceles los acordes e instrumentos que nota a nota nos llevaban por una mágica velada.

Una dirección dinámica y enérgica fue la que realizaba la maestra Elisa Vegas a una orquesta que sonaba de una manera majestuosa; violines, violas, cellos y bajos se unían a los sonidos de una percusión sonora, con oboes, clarinetes y trompetas que simulaban los caudales del Caroní y nos paseaban por el Salto Angel. Como directora, Elisa daba vida a una partitura musical, con su propio estilo y sentido de una música a veces intensa, a veces tranquila, pero que salía de los instrumentos de unos músicos que siempre tenían su mirada en los gestos y movimientos de quien los dirigía, ese alguien que puede traducir su visión en unos sonidos gloriosos.

Pocas son las ocasiones hoy en las que podemos tener esos viajes extraordinarios, aunque sentados desde una butaca. Esas son las aventuras que nos permiten apreciar lo valioso del talento venezolano a través de una experiencia cultural e inolvidable y que nos lleva a presenciar una poesía musical transformadora. Una de la que puedo decir, nos condujo por una aventura de sonido y emoción que resultó siendo verdaderamente mágica. 

Gracias por permitirnos soñar en esta gran aventura.

Luis Vicente Garcia

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