87 años celebrando la vida
Para Mememe, con cariño
Hay muchas maneras de celebrar la vida. Mi mamá, Irene, tiene la suya: mantenerse curiosa, encontrar algo que hacer, aprender, crear y estar pendiente de las personas que quiere. Hoy cumple 87 años y, cuando pienso en ella, pienso en esa alegría con la que sigue participando en el mundo, llenando sus días de actividades, conversaciones y afectos.
Es una mujer
alegre, muy activa y con una memoria asombrosa. Siempre tiene algo entre manos.
Pinta, escribe, asiste a clases de lectura y de filosofía, y también imparte
clases sobre temas fascinantes. Disfruta aprender y compartir lo que sabe,
haciendo de sus intereses una oportunidad de encuentro con otros. Cuida sus
plantas, organiza llamadas entre sus amigas y se mantiene al día con la
información. Y, en medio de todo eso, encuentra tiempo para estar pendiente de
su gran familia, que ya incluye catorce nietos y diez bisnietos. Hasta los
momentos, porque esta historia familiar sigue creciendo.
A veces me
pregunto cómo hace para atender tantas cosas. Pero al observarla encuentro una
respuesta en su manera de vivir: le interesan. Le interesa lo que
sucede, lo que puede aprender, lo que está creando y, especialmente, lo que les
pasa a los suyos. Ese interés la lleva a preguntar, a recordar, a llamar y a
mantenerse cerca. Su curiosidad siempre encuentra una nueva pregunta a la cual
dedicarle tiempo.
Por eso me
alegra tanto que esté escribiendo sus memorias. Imagino lo que significará para
sus nietos y bisnietos poder acercarse a esas páginas y encontrar su voz, su
manera de contar y aquello que ha considerado importante conservar. Para
quienes la queremos, esos escritos tienen un valor muy especial: nos permitirán
conocer mejor a Irene en las distintas etapas de su vida, como hija, esposa,
madre, abuela y bisabuela, y descubrir facetas suyas que quizás todavía no
conocemos.
También pinta y esculpe; lo hace desde los años setenta. Me gusta pensar en ella frente a una obra, escogiendo colores, dando forma a una pieza y dedicándole tiempo a algo que quiere crear. En sus días hay espacio para la expresión, para dejar algo propio en una página, en una pintura o en una escultura. A sus 87 años sigue teniendo cosas que decir, obras que crear y nuevas formas de compartirlas.
Hay un tema del que mi mamá me ha hablado a lo largo de toda mi vida: la evolución del ser humano y de la tecnología. Recuerdo que, cuando yo cursaba segundo año de bachillerato, me dijo que nunca se habría imaginado que vería el Apolo 11 en la portada de un libro de historia. Ella había sido testigo de aquel acontecimiento y ahora lo encontraba convertido en una lección que estudiaba su hijo. A mí me quedó grabado ese asombro suyo ante la velocidad con la que lo vivido pasa a formar parte de la historia.
En nuestras conversaciones me hablaba de la llegada de las lavadoras a los hogares, de la televisión y, después, de la televisión a color. Con los años hemos seguido sumando transformaciones: del VHS al streaming, de esperar un programa a poder escoger qué ver y cuándo verlo. A través de su mirada he podido comprender mejor cuánto ha cambiado la vida cotidiana en el transcurso de una sola vida.Y ella sigue
participando de esos cambios con entusiasmo. Maneja su dispositivo móvil con
una soltura que ya quisieran muchos jóvenes. Lo usa para informarse, aprender,
organizar sus actividades y mantenerse en contacto con los suyos. Me encanta
verla incorporar nuevas herramientas a una vida que ya está llena de intereses.
Después de tantas transformaciones, conserva intacta la curiosidad por
descubrir qué viene y cómo puede aprovecharlo.
Esa
disposición me inspira. He dedicado muchos años a hablar de desarrollo
personal, liderazgo y aprendizaje. Ver a mi mamá me recuerda cuánto pueden
enseñarnos las personas cercanas a través de sus hábitos. En ella veo el
aprendizaje convertido en una actividad cotidiana, con un lugar concreto en su
semana y en sus intereses.
Y luego
están sus amigas. Ella organiza llamadas, propicia el contacto y contribuye a
que las conversaciones sucedan. Es un gesto que dice mucho de su manera de
relacionarse: ella une. Mantener una amistad requiere iniciativa; alguien tiene
que llamar, reunir, preguntar cómo están las demás. Mi mamá asume esa tarea con
el mismo interés con el que atiende tantos otros aspectos de su vida.
En la
familia, ese cuidado se extiende a varias generaciones. Catorce nietos y diez
bisnietos representan muchas historias en desarrollo, muchas noticias y muchos
motivos para estar pendiente. Ella sigue atenta a ese enorme universo familiar,
acompañando desde su lugar lo que va ocurriendo en la vida de sus seres
queridos.
A esa memoria asombrosa y a su interés por la familia se suma su dedicación a la genealogía, que desde hace décadas ocupa un espacio importante en su vida. En sus investigaciones ha seguido el rastro de nuestros antepasados hasta llegar al año 500 d. C. Me impresiona la paciencia y la curiosidad que requiere recorrer tantos siglos en busca de nuestras raíces.
Mientras acompaña a las
nuevas generaciones, también recupera la historia de quienes nos precedieron,
dejándonos un legado que podremos compartir con quienes vendrán.
Al escribir todo esto, comprendo mejor el título que quería darle a este artículo: 87 años celebrando la vida. La celebración está en su cumpleaños y también en la forma en que vive sus días. Está en el tiempo que dedica a crear, en las memorias que escribe, en las clases que recibe y en las que imparte, en las plantas que cuida y en las conversaciones que ayuda a mantener.
Hoy quiero reconocerla y celebrar esas cualidades tan suyas que nos alegran y nos acompañan. Quiero que sepa que vemos su energía, que admiramos su memoria, que nos importa lo que escribe y que valoramos todo ese cariño que expresa estando pendiente de nosotros.Como hijo, me siento afortunado de poder celebrar este día con ella y de seguir descubriendo aspectos de su persona. Porque una madre también puede seguir sorprendiéndonos: con una idea, con un recuerdo, con algo que ha aprendido o con el próximo proyecto en el que ya está ocupada.
Hoy
celebramos a nuestra querida Mememe y sus 87 años de vida. Celebramos su
alegría, su curiosidad, su creatividad y su manera de mantenernos cerca. Y
agradecemos que siga llenando nuestra historia familiar con su presencia y con
todo lo que todavía tiene para compartir.
Feliz cumpleaños, mami.
Qué alegría celebrar la vida contigo.
Que sigas
encontrando motivos para pintar, escribir, aprender, cultivar y reunirnos. Y
que sigamos aprendiendo de esa manera tan tuya de vivir.
Luis
Vicente







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