En la noche del 11 al 12 de octubre de 1492 se dio aquel famoso grito de
"¡Tierra!", y la historia de Europa y de América, por no decir del
mundo entero, cambió para siempre de manera irreversible. Cristóbal Colón posteriormente
llamado "Nuevo Mundo". Con ello se iniciaban nuevos temas, como el
intercambio alimentario con un nuevo continente; la incorporación de los
numerosos alimentos y materiales comestibles de América a la dieta europea y
mundial, como, por ejemplo, la papa, el maíz, el cacao, la batata, la calabaza,
el maní, la vainilla, los ajíes, el aguacate, el tabaco y la goma, entre otros;
se inició un importante cambio en la cultura culinaria de occidente para
siempre. A su vez, las culturas americanas heredaron alimentos y formas de
comer europeas, como el trigo, la avena, la cebada, el centeno y la caña de
azúcar. Se intercambiaron nuevas especies de animales (el caballo, el burro, la
res, la oveja, el cerdo, la gallina y el conejo) y se trajeron nuevas especies al
ecosistema americano.
Lo mismo ya había sucedido cuando poblaciones de Asia migraron al medio
oriente y de allí al África, o viceversa, o cuando comenzaron las invasiones y conquista
europeas hacia los nuevos destinos como lo fueron inicialmente la China, la India
o el África, los cual continuo con la potencia marítima que desarrollaron los
europeos y las grandes caravanas que salían de la península arábica o desde y
hacia Asia. Ahora bien, todo descubrimiento, conquista, migración o invasión,
trae más necesidades, nuevas realidades y grandes impactos que precipitaron cambios
no solo en las culturas locales y mundiales, sino en el clima y ecosistemas
locales, algunos con significativos impactos en el clima mundial.
La investigadora Julia Pongratz del Departamento de Ecología Global de la
Institución Carnegie, dice que
“Es un error común pensar que el impacto
humano en el clima comenzó con la quema de carbón y petróleo a gran escala en
la era industrial. En realidad, los humanos comenzaron a influir en el medio
ambiente hace miles de años al cambiar la cubierta vegetal de los paisajes de
la Tierra cuando talamos los bosques para la agricultura”.Existen varias teorías de que el cambio climático inducido por el hombre
comenzó mucho antes de la era industrial, en las que las prácticas agrícolas
destructivas de la civilización temprana o que las invasiones masivas y
destructivas de los tiempos, pudieron haber alterado el clima mucho antes de la
era industrial. Les presento tres de estas teorías, todas muy interesantes,
aunque han resultado algo polémicas:
- La Revolución Neolítica. El profesor William Ruddiman, profesor
emérito de ciencias ambientales en la Universidad de Virginia, se ha hecho muy
conocido (y criticado) por su teoría de 2003, de que la Revolución Neolítica de
hace 7.000 años, provocó un cambio en el clima global cuando algunos humanos
pasaron de ser cazadores-recolectores a la agricultura a gran escala.
- La Invasión Mongola. El estudio publicado por la profesora Julia
Pongratz
junto con el colega Ken Caldeira, del Carnegie Institution for Science en los
Estados Unidos, junto a investigadores del Instituto Max Planck de Meteorología
de Alemania, compila un modelo de cobertura terrestre global a partir del año
800 d.C., y señalaron que “durante los eventos más duraderos, como la
invasión de los mongoles, hubo tiempo suficiente para que los bosques volvieran
a crecer y absorbieran cantidades significativas de carbono”. Con ello se
dio a conocer que la invasión mongola, iniciada por Genghis Khan en 1206 d.C., creó el imperio más grande del mundo y tuvo
otro impacto global: esta invasión enfrió
la Tierra. La respuesta a cómo sucedió esto se puede decir, en una palabra:
“reforestación”. La invasión dejó un gran número de muertos, despoblando muchas regiones. Con
menos gente, grandes extensiones de campos cultivados eventualmente regresaron a los
bosques, absorbiendo dióxido de carbono de la atmósfera. Según la contabilidad
del estudio, la regeneración de los bosques durante la invasión de los mongoles
absorbió 700 millones de toneladas de carbono de la atmósfera, lo que equivale
a la cantidad de carbono que la sociedad global ahora produce anualmente a
partir de la gasolina.
- El Descubrimiento de América. Por su parte, Richard Nevle y Dennis
Bird, investigadores en el Departamento de Ciencias Geológicas y Ambientales de
la Universidad de Stanford
indican en su estudio que las enfermedades introducidas por los europeos pueden
haber matado a más del 90 por ciento de la población del Nuevo Mundo dentro de
un siglo del primer contacto, lo que posiblemente condujo al abandono a gran
escala y la posterior reforestación de tierras agrícolas en las Américas. Las evidencias
de su investigación sugieren que esta regeneración forestal secuestró
suficiente carbono para haber impulsado el período de enfriamiento global de
1500-1750 conocido como la Pequeña Edad de Hielo.
Pero este impacto positivo y sustancial en el clima global y el
ciclo del carbono, no fue intencional y no logró revertir lo que hoy conocemos
como el calentamiento global y hoy, lamentablemente, la situación es
totalmente lo contrario. A pesar de la preocupación mundial y las numerosas
iniciativas a lo largo de los años (tanto locales como globales), los bosques
continúan cayendo a un ritmo asombroso. Actualmente, alrededor del 10% de las
emisiones de gases de efecto invernadero del mundo provienen de la
deforestación.
América Latina y África han sido algunas de las regiones de más rápido
crecimiento, más pobladas y ricas en recursos del mundo. Sin embargo, a pesar
de todas sus oportunidades, ambos continentes continúan siendo los más
vulnerables a los efectos del cambio climático. Los líderes mundiales a menudo
reconocen esta discrepancia y la necesidad de proteger la belleza natural y los
abundantes recursos de los continentes, pero, la falta de dinero, el poco
compromiso, las diferencias regionales, los factores políticos y económicos y
las diferencias en cultura y comunicación, las perspectivas sobre cómo avanzar
en soluciones al desafío climático son muy diferentes, no se logran acuerdos y
no se llegan a implementar.
De acuerdo a un artículo
publicado por Ellasandra Walsh, Gerente Asociado y Líder de Sostenibilidad del
Centro de Negocios EE. UU.-África,
señala que hay áreas de desacuerdo más generalizadas que siguen arraigadas, por
ejemplo, en las realidades diferenciadas de los países africanos:
- ¿Cuáles son las prioridades
únicas de mitigación y adaptación climática de África?
- ¿Cuáles deberán se los alcances ante
los distintos puntos de vista?
- ¿Cómo se ponen en prácticas
nuevas medidas que corrijan, mejoren y logren enfocar las incongruentes soluciones
que se presentan o la aplicación de recursos mal administrada?
Por supuesto, lo mismo ocurre en
el Medio Oriente, en América Latina y hasta en los continentes con los países mas
avanzados. La falta de coherencia, el no ponerse de acuerdo, no impulsar los cambios
legislativos requeridos, o la falta de compromiso gubernamental (federal y
local) así como de la sociedad, no nos permiten avanzar.
Cada 22 de abril se celebra el
Día
de la Tierra o
Día Mundial de la Madre Tierra, un día en que las
Naciones Unidas nos invita a crear conciencia en la humanidad sobre los
problemas de la superpoblación, la contaminación y la importancia de la
conservación de la biodiversidad. A fines de la década de 1960, hubo una mayor
conciencia de las preocupaciones ambientales y se buscó galvanizar el
movimiento de conservación mediante la creación de una celebración nacional en
los Estados Unidos. El primer Día de la Tierra, tuvo lugar el 22 de abril de
1970 y fue diseñado como una “enseñanza ambiental” que educaría a los
participantes sobre la importancia de la conservación ambiental. En 1990 se organizó
un Día mundial de la Tierra, que fue observado por unos 200 millones de
personas en más de 140 países y desde entonces, el Día de la Tierra ha tenido
un alcance internacional.
Hoy nuestro planeta Tierra tiene
demasiados desafíos por delante y se enfrenta a un buen número de retos para
avanzar en sostenibilidad. Nosotros somos los máximos responsables de su sostenimiento
y mantenimiento y debemos buscar, obtener o crear todas las herramientas
necesarias para hacerlo. El agua, el oxígeno, la temperatura y tantos otros
temas son cruciales para la vida terrestre y el cuidado y gestión de todos los
recursos naturales, en especial los no renovables, es fundamental para
garantizar la buena salud de nuestro planeta. Pero afrontar el reto climático
que el planeta tiene por delante también exige cambios, nuevas maneras de pensar,
actuar y de proceder por parte todos, gobiernos, sociedad, sector privado, la ciencia
y la academia, las industrias y sus procesos productivos, de la gestión de
residuos y, por supuesto, de nuestros propios hábitos de consumo. Paola Amigo,
en un artículo publicado en EdCreativo en 2020, resaltó algunas metas que son básicas,
pero también las muy necesarias:
- Luchar contra
el cambio climático
- Preservar el
agua, un bien escaso
- Implantar una
economía circular
- Proteger la
biodiversidad
- Concienciar
sobre el cuidado del agua
Como vemos, son todas soluciones
conocidas, necesarias y urgente.
Comenzar por frenar el cambio
climático es empezar por el principio. El cambio climático no es un problema
que está por llegar, es una realidad que vivimos en nuestro día a día y que
podemos observar con nuestros propios ojos. Para luchar contra él, el
primer paso es reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero
que provocan el aumento de las temperaturas. Es entender que debemos cuidar y
conservar el agua, no solo repetir que el agua es vida. Es darnos cuenta de que
la sociedad pueda siquiera considerar la reforestación global, se debe detener
la deforestación global. Es definir estrategias para conseguir avances en la
implantación de una economía circular. Es trabajar en la restauración de los
ecosistemas naturales y en la preservación de la biodiversidad. Es generar confianza
para lograr cualquier colaboración exitosa, ya sea para comunidades, gobiernos
u organizaciones internacionales. Y, es entender, en definitiva, que la sostenibilidad
del planeta, sus habitantes y su propia economía, es tarea de todos.
A principios del siglo XXI, las
muchas actividades del Día de la Tierra incluían crear conciencia sobre una
serie de crecientes preocupaciones ambientales, especialmente la amenaza del
calentamiento global y la necesidad de fuentes de energía limpias y renovables.
De hecho, en 2016, el Acuerdo Climático de París se abrió de manera emblemática
a las firmas en el Día de la Tierra. Pero creo que más allá de alentar e
invitar a entidades y organizaciones a nivel mundial a organizar actividades
relacionadas con el cuidado y mantenimiento de la naturaleza, creo que este día
pasa desapercibido y los seres humanos, en conjunto, estamos fallando.
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Hace algunos años escribía que un solo día al año no era suficiente para
crear consciencia; hoy todas las acciones que se realizan cada mes no logran
crear esa conciencia necesaria para entender lo que verdaderamente esta en
juego y es la sostenibilidad de nuestro planeta. Con base en el conocimiento
que hemos obtenido del pasado, ahora estamos en condiciones de tomar mejores decisiones
sobre el uso de la tierra que disminuirán nuestro impacto en el clima y el
ciclo del carbono. “No podemos ignorar el conocimiento que hemos adquirido
sobre el medio ambiente”.
El planeta Tierra está en peligro, no le prestamos atención, no logramos
influir con impacto en los temas ambientales y le dejamos la responsabilidad a
las autoridades o a otras personas. Entender que nuestro planeta Tierra es
vulnerable y que corregir y cambiar, además de ser urgente, es exclusivamente
nuestra responsabilidad, es nuestro compromiso.
Luis Vicente / @LVGarciaG
Fotos: Luis Vicente García / Imágenes creadas en Canvas.